Calmando a la mente con yoga y meditación

meditación yoga

¿Alguna vez te ha sucedido que comienzas a hacer una cosa para inmediatamente olvidarlo y no saber qué estabas haciendo?

Si tu respuesta fue sí, no te preocupes, estoy casi segura de que a todos nos ha pasado.

 

Últimamente, entre el calor, el cambio de estación y las miles de cosas que pasan en la vida diaria, siento que mi mente ha estado particularmente más distraída de los normal, lo que en algunos círculos budistas llamas “la mente de mono” ya que nos imaginamos a un mono saltando de una rama a la otra y así vamos: de un pensamiento a otro, sin agarrar ninguno.

 

La diferencia esencial entre calificar a la mente de mono radica en el hecho de qué tanto nos estemos aferrando a los pensamientos y a las sensaciones que éstos nos provocan en nuestro interior. Que tanto rumiamos o no una idea o un pensamiento después de tenerlo.

 

¿Qué tiene que ver el yoga y la meditación en esto?

Si nos vamos a una cuestión muy literal y repasamos los Yoga Sutras de Patanjali, veremos que uno de los primeros sutras dice que el yoga es poner o establecer a la mente en la calma. Esto lo he pensado en los últimos meses, sobre cómo este aforismo indica que el yoga no es sólo lo que en el mundo occidental hemos conocido de las asanas, sino que es una práctica que nos ayuda a hacer las paces con el silencio, tanto exterior como interior, con esa paz mental que siempre decimos querer pero que nos cuesta tanto trabajo adquirir.

 

De la misma forma, no sólo el yoga ayuda a serenar a la mente, sino también la meditación a través de algunas prácticas como el seguimiento a la respiración (o, al menos, esta es la que más me ha probado a mí ser efectiva), contando inhalaciones y exhalaciones y, justo, no dándole oportunidad al mono de que se pase a otra rama, dejándolo tranquilo en un solo espacio y en un solo momento.

 

En el fondo, esta pequeña reflexión que quería compartirles es que tanto en el yoga como en la meditación encontramos dos herramientas super útiles para aquellos momentos en donde la mente se va como un caballo salvaje por la vida y nada más no alcanza a detenerse en ningún lado. Estas dos prácticas nos ayudan a tener una vida más en calma y pensamientos y sentimientos más ordenados, al menos eso es lo que a mi me han ayudado a hacer con el paso de los meses, aunque todavía falta mucho por hacer.

 

¿Cómo es tu experiencia con los pensamientos? ¿Qué sentimientos te provocan?

 

Seamos receptivos. Namasté.

 

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