El yoga, la meditación y el control de las emociones

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Este fin de semana pasaron varias cosas que fueron relevantes para el tema del control de las emociones. Me explico: si bien no tuve ningún momento en el que sintiera que una emoción tomaba las riendas de mis acciones, tuve varios momentos de reflexión al respecto.

 

El primero fue una meditación que decidí hacer sobre un momento particular en donde encontrara un arrebato que fuera causado por una emoción en particular. Únicamente observando esta reacción, esa emoción y viendo la escena desde afuera como espectador, sin juzgar. Este fue un paso muy importante ya que lo he intentado por varios años pero el tema pasional siempre me termina ganando y cedo ante las emociones y, ahora, por primera vez, observé con un poco más de objetividad lo que había sucedido y cómo en realidad el mundo “no estaba en mi contra” sino que, en realidad, había yo cedido ante un estado mental torpe y caído en sus redes.

 

Lo segundo que sucedió fue mi clase Yin de los sábados en donde trabajamos el área de los pulmones, la liberación de la tristeza y todo aquello que se encontraba “atorado” en el aspecto del habla: todos esos pensamientos que nunca se materializan pero sólo hacen ruido mental. La práctica, en el momento de pensarla no creí que pudiera ser tan efectiva, pero en realidad, las aperturas de pecho, junto con posturas “en frío” de Yin, me ayudaron mucho a encontrar puntos emocionales que me dolían y que no me dejaban avanzar hacia una sanación mental.

 

Estos dos eventos que me sucedieron son ejemplos de las muchas cosas que luego nos pueden pasar en nuestra práctica de yoga o de meditación, en donde encontramos esa fibra sensible, esa emoción que estaba atrapada y que por medio de la práctica consciente logra liberarse. Es un poco extraño, a decir verdad, que por medio de algo que pareciera tan simple, podamos trabajar estos aspectos que son cruciales para nuestra vida espiritual, personal y colectiva.

 

Creo que mucho de esto tiene que ver con la meditación y el yoga ya que estas prácticas nos ayudan a ver las cosas como son, a quitarles la ilusión, los juicios y las críticas a nuestras emociones, y simplemente a tratarlas de la forma más natural que se pueda. Creo que es un proceso de amor propio y de encuentro con nosotros mismos.

 

En esta entrada no quiero indagar en una teoría completa sobre porqué suceden estas cosas, sino que quería expresar que he estado en contacto con mis emociones y las he comenzado a ver de una manera distinta. A quererlas, apreciarlas y a darles chance cuando de repente parecieran estar completamente fuera de control. Darme y darles un respiro de la competencia y de la crítica que inunda a la vida diaria. Sólo ser.

 

¿Qué opinas? ¿Has tenido algún contacto con tus emociones durante una práctica meditativa o de yoga?

 

Seamos receptivos. Namasté.

 

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